Alan Daitch, emprendedor tech, divulgador de la Inteligencia artificial y parte de Insiders, el programa de embajadores de Think with Google para América Latina. En este artículo, el autor reflexiona sobre los límites prácticos de la automatización con IA y propone 5 preguntas clave para identificar qué tareas operativas vale la pena delegar sin perder el criterio ni el pensamiento crítico.
Las opiniones expresadas son las suyas y no reflejan necesariamente las de Google.
Si preguntás por ahí, todos dicen que están usando Inteligencia Artificial. Sin embargo, según el estudio ATLAS de Google, que analiza cómo se usa la IA en el trabajo y en la vida cotidiana en todo el mundo, menos del 10% de las veces se le delega a la IA una tarea completa. El otro 90% es pura asistencia: le pedimos una idea, un borrador, una explicación… y después seguimos trabajando nosotros.
Pensándolo bien, tiene todo el sentido. Por un lado, son modelos que todavía se equivocan en sus respuestas; por otro, muchos de nosotros (los no tan jóvenes) seguimos acostumbrados a resolver tareas de manera analógica.
El asistente resuelve algo ahora, en el momento, mientras uno escribe un mail o prepara la reunión. Le das la pregunta, te responde, seguís y listo. Cero fricción. La automatización pide exactamente lo contrario: frenar, sentarte, definir el proceso, establecer reglas y prever qué hacer cuando algo falla... Eso tiene un costo de configuración, de aprendizaje y de prueba que un martes, a las 11 de la mañana, con 40 mails sin leer, nadie quiere pagar. Por eso, para muchas personas, la IA se siente como una exigencia más: promete ahorrarte tiempo, pero primero te lo cobra.
A mí me pasa algo parecido cuando tengo que domiciliar un servicio para que se pague solo: cargar la cuenta es un trámite molesto que postergo mes tras mes. Ahora, ¿alguien lo configura para un pago que ocurre una sola vez? Nadie. La inversión inicial solo vale la pena cuando la tarea se repite.
Menos del 10% de las veces se le delega a la IA una tarea completa. El otro 90% es pura asistencia: le pedimos una idea, un borrador, una explicación… y luego seguimos nosotros.
Entonces, antes de perder una tarde entera delegándole algo a la IA, te propongo hacerte estas 5 preguntas.
1. ¿Cuántas veces se repite la tarea?
Multiplicá la frecuencia de la tarea por los minutos que te lleva hacerla. Un informe de dos horas que armás todos los lunes representa 100 horas al año, y eso sí justifica invertir una tarde. Un pedido poco habitual que aparece cada tres meses no justifica nada: automatizarlo es comprar una gran lavadora para limpiar solo una media sucia.
2. ¿Podés escribir los pasos en un simple papel?
Si no sabés explicarle la tarea a alguien que recién empieza, se te va a complicar dársela a un modelo. Toda automatización empieza por definir el proceso, y muchas veces ese ejercicio solo ya muestra que la mitad de los pasos sobraban. Lo bueno es que la IA es excelente escuchando tu información desordenada y ayudándote a pulir ese proceso.
3. ¿El input siempre llega igual?
Un archivo que cae en la misma carpeta con el mismo formato se automatiza mañana mismo. Un pedido que, a veces, llega por mail; otras por WhatsApp y, a veces, en un audio de dos minutos del cliente, todavía no.
4. ¿Qué pasa si sale mal?
No empieces automatizando tareas cuyo resultado se manda directo al cliente. Comenzá por lo que revisás antes de que salga: el borrador, la clasificación, el resumen. Si el error te cuesta una corrección de dos minutos, automatizá tranquilo/a. Si te puede costar un cliente, hacé que la herramienta te proponga la acción y que el botón para ejecutarla quede de tu lado, después de revisarla.
5. ¿Estás dispuesto a que los primeros intentos fallen?
Ninguna automatización funciona perfecta el primer día, y menos si es la primera vez que lo intentás. No entres a intentarlo si te frustrás fácil. Te puedo asegurar que la primera vez te va a costar un poco; la segunda te saldrá bastante rápido y la tercera la harás en piloto automático.
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Si una tarea pasa estas 5 preguntas, empezá por automatizar esa: una que sea pequeña, diaria, con vos revisando el resultado al final del proceso. Cuando confíes y hayas podido ejecutarla más de 10 veces sin ninguna corrección, aliviarás la revisión.
Delegar te ahorrará muchísimo tiempo, pero no te olvides: el criterio y el pensamiento crítico son lo que nos hace útiles y lo que todavía ninguna máquina puede reemplazar. Automatizá todo lo operativo, pero no cedas a la tentación de delegar tu cabeza. Usá la tecnología para pensar con vos, no por vos.
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