Día entre semana al rededor de la 1 de la tarde.
Fuimos a almorzar.
Desde nuestra llega atentos, amables. En ese momento no tenían disponible el primer piso, y nos fuimos al segundo (es para mi gusto el piso más bonito).
Todos los niveles decorados hermosamente, eso es un plus a cualquier restaurante.
La música tranquila y el lugar también, raro pues se encuentra ubicado en pleno centro histórico.
La variedad en la carta es pequeña, pero considero es adecuada para el concepto y siempre menos es más.
Pedimos un menú infantil de quesadillas con arroz, chilaquiles verdes y enchiladas verdes, de beber unas sodas italianas, un jugo de mandarina (bebida de temporada).
El menú infantil consideramos que era demasiado arroz y en su lugar una quesadilla extra seria más aceptable, el sabor bueno. El jugo de mandarina dulce.
Los chilaquiles bien servidos y de buen sabor, picositos, pero no incomibles.
Las enchiladas verdes muy ricas, tenían un sabor a chile poblano muy agradable.
Las sodas de sabor no tan dulce.
Como postre pedimos una concha de chocolate con nata y un affogato; la concha deliciosa, la nata super cremosa, el affogato rico y con sabores fuertes.
No preguntamos pero todo parece indicar que su pan lo hornean ahí, punto extra de frescura.
Baños mixtos y limpios.
Sin duda regresamos a Balam, pues el sabor, la atención y ambiente ameritan regresar y relajarse en este oasis céntrico en CDMX.